Buenos aires y su pasión por el Tango

En Buenos Aires el tango te asalta a todas horas. En el barrio de La Boca una pareja de cazaturistas baila ‘Caminito’ entre las casas pintadas de colores; en la plaza de San Telmo, lo bailan sobre el empedrado, entre casas neoclásicas decadentes; a Puerto Madero un bandoneó gigante ejerce de monumento exagerado al tango, mientras que en el barrio de Palermo puedes ver como lo bailan con un aire entre intelectual y ‘a niños’.

El tango da vida en Buenos Aires, una ciudad que muestra a través de sus diferentes barrios que es, de hecho, muchas ciudades. Plaza de Mayo acostumbra a ser el inicio de la visita a la capital argentina, con el palacio presidencial, la catedral, las pancartas omnipresentes y Cabildo, pero se tiene que andar más allá para descubrir la ciudad vibrante que es Buenos Aires.

tango sesión

Bien cerca, al Avenida de Mayo, es casi obligado entrar al Tortoni, un café de finales del XIX que conserva las esencias del Buenos Aires de antes. Allá, una vez más, te asalta el tango, sea a través de las actuaciones en directo o cuando te enseñan la mesa donde solía sentar el grande Carlos Gardel. Para los lletraferits hay también las figuras de Borges y de Alfonsina Storni, otros clientes ilustres.

Cerca del Tortoni, cada día con más colas de turistas, encontramos el Museo Mundial del Tango y la Academia Mundial del Tango, que confirman que el tango ha adquirido una dimensión sideral. Al final de la calle se abre la anchísima Avenida 9 de Julio. Un aviso: antes de atravesarla, vale más coger aire. Hace un total de 140 metros de parte a parte.

A la esquina con Corrientes (otra calle con ecos de tango), el Obelisco recuerda que allá se izó por primera vez, el 1812, la bandera argentina. A sus pies, una parada del ‘subte’, que es como denominan el metro en Buenos Aires, te propone ir a otros barrios, pero antes es mejor pasear por Corrientes, para #ver los teatros donde se vuelven locos por Joan Manuel Serrat cada vez que actúa, para vivir la vida nocturna o para cotillear en las librerías de viejo.

Sin moverse del centro, el Teatro Colón, cerca del Obelisco, propone glamour y ópera, a pesar de que de vez en cuando también actúan cantantes como Adriana Varela, que consigue rasgar el tango con su voz rogallosa. No muy lejos, a la Recoleta, hay los bares donde se muestra la aristocracia local, como el clásico La Biela, y el cementerio con más pedigrí de la ciudad, donde puedes pasear entre panteones y cipreses. La tumba más buscada es la de Evita Perón, uno de los grandes mitos de Argentina.

Por los alrededores de la Recoleta es habitual ver los passejadors de perros, unos personajes típicos de Buenos Aires capaces de traer hasta veinte perros a la vegada sin hacerse un lío con las correas.

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A la hora de comer, vale la pena apostar en Buenos Aires por los restaurantes populares donde hacen pizza a buen precio, como El Cuartito (Talcahuano, 937, cerca de Recoleta), donde tanto las paredes como los clientes habituales hablan de fútbol desde el 1934, o por un restaurante donde puedas comer la excelente carne del país, sea en el ambiente ‘chic’ de Puerto Madero o al barrio de Palermo, tan de moda. Toca adentrarse en el terreno del ‘bife de chorizo’, del ‘vacío’ o del ‘cuadril’. En cuanto al beber, el ritual del ‘mato’ es omnipresente, pero no tenemos que olvidar los vinos del país, cada día más interesantes.

En el centro de Buenos Aires es bueno andar con la mirada atenta en los grandes edificios señoriales. Uno de los que me gustan más es lo Palacio Barolo, al número 1370 del Avenida de Mayo. Fecha de los años veinte y llama la atención por el faro que vigila en lo alto y porque todo es lleno de alusiones a la ‘Divina Comedia’, de Dante Alighieri.

También es interesando el Casal de Cataluña (Chacabuco, 863), en el barrio de San Telmo. Es de un estilo modernista que hace pensar en Puig y Cadafalch y cuenta con unos cuántos salones, uno Restaurando Casal, un Teatro Margarida Xirgu y una atractiva Biblioteca Pompeu Fabra. De todas maneras, en clave catalana, hay un edificio que me tiene más intrigado. Es al 2009 del Avenida Rivadavia y es obra del arquitecto Eduardo Rodríguez Ortega. A raíz de una remodelación, a partir del 1999, el arquitecto Fernando Lorenzi añadió a la cúpula la inscripción “No hay sueños imposibles”, en catalán, como homenaje a Gaudí. Bien cerca, al número 2031 de la misma avenida, hay Palacio de los Lirios, hecho por el mismo arquitecto. Son tres plantas con mucha presencia de lirios y en un estilo insistentemente gaudinià.

Pero todavía nos faltan muchos barrios para recorrer. El de San Telmo, por ejemplo, donde podemos pasear entre las mansiones neoclásicas, las tiendas de los antiquaris y las paradas de un mercado de brocanters, el de la plaza Dorrego, que vibra las mañanas de los domingos. La Boca acoge el visitante con el ambiente portuario de antes, mientras que Puerto Madero lo hace mirando a la modernidad. A La Boca, además del Caminito (la calle más fotografiada de Buenos Aires), hay la Bombonera, el popular estadio del Boca Juniors, que se contrapone al más remirado del River Plate. Pero ahora es el barrio de Palermo el que se endú todos los elogios a la hora de hablar de tiendas, bares y restaurantes de moda.

Palermo, uno de los 48 barrios de Buenos Aires, cuenta con los bosques de Palermo, donde se puede respirar natura y pasear en bicicleta, y con muchas calles tranquilas de casas bajas. Está subdividido en varios barrios, como por ejemplo Palermo Viejo, Palermo Soho, Palermo Hollywood… Es a Palermo Viejo donde hay más tiendas de moda, restaurantes, bares y cafés de todo tipo. A la Plazoleta Cortázar, que hace esquina con la calle Borges y que también se conoce con el nombre antiguo de Plaza Serrano, se puede vivir un ambiente literario que recuerda la bohemia del barrio. Los fines de semana soleados las calles de Palermo acostumbran a ir plenos. Y si el que se quiere es asistir a un espectáculo de tangos, El Viejo Almacén es el local adecuado.

Si hablamos de libros, cosa que tarde o temprano se tiene que hacer en Argentina, Buenos Aires es una de las ciudades con más librerías. Hay en todos los barrios, pero la que más me impresiona es Lo Ateneo Grand Splendid, instalada desde el año 2000 en un antiguo teatro del 1919 de la calle Santa Fe. Ver el escenario, la platea y los pisos de un antiguo teatro llenos de estantes de libros reconforta y te hace pensar que quizás el libro tiene más futuro del que le auguran los gafes. Debe de ser por eso que El Ateneo ha sido calificada como “la librería más bonita del mundo”. Como emoción añadida, tratándose de Buenos Aires, vale la pena recordar que en este teatro que ahora es librería actuaron algunos de los grandes del tango, como Carlos Gardel, Ignacio Corsini y Roberto Firpo.

Un último consejo: si sentís que la ciudad os ahoga, siempre os podéis acercar al Río de la Plata para respirar aire de mar o para embarcaros hacia uno de los lugares más sorpresivos de la gran capital, Tigre. Se trata de una zona de delta y canales pantanosos, alrededor del río Sarmiento, donde sobreviven espléndidas casas de madera de las de antes. También hay un parque de atracciones, un trenecito y, cada vez más en los últimos tiempos, edificios de pisos nuevos donde se instalan los desertores de Buenos Aires que se resisten a vivir recluidos a los ‘countries’, que es como denominan los barrios vigilados que proliferan alrededor de una gran conurbación donde viven quince millones de habitantes.

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